“Se anuncia a los señores pasajeros que el vuelo Bulgaria-Amsterdam saldra en aproximadamente 20 minutos” – repite por tercera vez una voz grabada, luego de haberlo dicho en Holandes e Ingles.
Abro los ojos y como cada mañana mi dia comienza con siluetas borrosas: muchas veces juego a reconocer y adivinar que es lo que hay a lo lejos antes de ponerme los lentes. Esta vez son dos figuras azules acercandose hacia mi
- Good Morning – me saluda coordialmente a las cuatro menos cuarto de la mañana un oficial de seguridad del aeropuerto, a la vez que tanteo alrededor de mi bolsa de dormir en busca de mis anteojos. Afuera nieva desde anoche y en diez minutos hay que abandonar la habitacion improvisada nada parecida a la que tenia Tom Hanks en “La terminal”.
Desde que llegue a Amsterdam me pregunto donde dormira la gente que llega y no tiene lugar donde caerse muerto si dormir en la calle no esta dentro de las posibilidades ( sumandole que esta prohibido a que es termicamente imposible).
La idea del albergue me la he prohibido desde que le diagnosticaron cancer a mi bolsillo.
Esta ciudad me hace acordar al comic del Eternauta; la calle esta en absoluto silencio y una coposa nieve como la que describe Oesterheld completa el paisaje de unas calles nada parecidas a las que me crie en Buenos Aires. Nunca antes habia tenido el temor de ir a la panaderia y caerme al rio durante mi infancia.
Al sentarme a escribir esta primera noche de mi viaje me doy cuenta que esa mañana termine haciendo algo pendiente hace mucho: comenze a caminar derecho en un lugar que desconocia, sin saber a donde iba a llegar pero buscando algo en concreto. Supongo que lo que no imaginaba es que eso seria una necesidad tan basica como el dormir..
Mientras mas me alejo del centro la gente comienza a aparecer por las calles, la nieve se convierte en fina lluvia rebotando y haciendo burbujas en la superficie de los muchisimos canales que atraviezan la capital de Holanda. Y yo camino entre puentes, casas y bicicletas que pasan por RokioStraat comenzando un nuevo dia a las siete de la mañana.
Levanto la vista al cielo nublado para ver si es una nube la que me esta persiguiendo y asi explicarle que estoy tan mojado que la lluvia paso a un plano secundario estos momentos de mi vida. Toda una paradoja el hecho de estar en un clima tan innestable y que el pronostico para mi dia sea despejado por la tarde y mejorando por la noche.